- DEL PALACIO DE LA VIRREINA AL EDIFICIO DE LICEO
Ya
empezaba a tocar el sol cuando nos dirigíamos hacia el Palacio de la Virreina.
Íbamos bajando por la rambla, y entre libros y revistas, periódicos y postales
pudimos observar un puñado de turistas embobados por las maravillosas flores de
las coloridas floristerías que decoraban la rambla.
Por
fin llegamos a nuestra primera parada de ese tramo, el Palacio de la Virreina,
allí recordamos tiempos pasados, hicimos un poco de historia y entramos para
ver en que se había convertido su sede actual. Nos adentramos por las puertas
del palacio y todas nos sorprendimos al ver unos personajes gigantes que
parecía que nos dieran la bienvenida. Nos detuvimos en la oficina de
información, una señora muy amable nos explicó que actualmente su sede era el área de cultura y que
el palacio se utilizaba para hacer exposiciones de arte. También nos dijo que este
maravilloso palacio se construyó entre los años 1772 y 1777, como residencia de
Manuel de Amat, virrey del Perú. Se conoce por este nombre porque el palacio de
la Virreina fue construido por encargo de Manuel Amat, virrey del Perú y el
mismo virrey le regaló el palacio a su mujer. El hecho de haber-se quedado
viuda, su mujer María Francesca Fivaller y Moreno, dio pie a que la gente
comenzara a denominar el edificio - al igual que el de la Rambla de Barcelona -con el apodo de la Virreina.
Cuando
salimos, terminado el señorío, seguimos rambla abajo. Nos adentramos en la zona
más popular, donde señoras y señores hacen sus pedidos si quieren comer a gusto.
Son muchas calles cubiertas, y alrededor hay edificios. Este lugar recibe el
nombre de la Boqueria. Tiene 6000 metros cuadrados, 11 pasillos y 300 puestos. Fue genial ver tantos colores y tanta vida junta, daba gusto ver aquel gran mercado. A continuación fuimos al bar Pinocho, que es muy popular y es donde se sirvió por primera vez el conocido "biberón" (un café con leche condensada), nos picó la curiosidad y decidimos probarlo. El café no es una bebida que nos encante, pero el contraste con la leche condensada lo hacía... ¡Delicioso!
Al terminar de desayunar, seguimos por
el bello medio de este tramo de la rambla y nos encontramos una obra de
cerámica de Miró que reposaba justo bajo el suelo que pisaban nuestros pies.
Aquella magnífica obra de arte se llamaba Plan del Oso.
Al levantar la mirada
contemplamos como el arte contemporáneo quiso decir la suya en la edificación
más bella. Aquel edificio que nos había dejado sin palabras actualmente es un
banco, pero antes era la Casa Bruno Cuadros, que fue en su día, una tienda de
paraguas muy especial para Barcelona. El estilo que la acompaña, próximo al
modernismo con el colorido y la delicadeza de sus decoraciones, convierte este
edificio en el protagonista de muchos álbumes fotográficos de los visitantes de
Barcelona.

Por fin después de tanto andar llegamos
al edificio de Liceo - personalmente uno de mi favoritos aquí en Barcelona - este
edificio es un teatro de ópera que ha mantenido a lo largo de los años su
función de centro cultural y artístico. Uno de los símbolos de la ciudad. Se
llama el Gran Teatro del Liceo, y fue creado en 1847 en la Rambla de Barcelona. Los
objetivos básicos del Gran Teatro del Liceo son la creación de obras de arte
que tienen la música como lenguaje preferente y la difusión de este arte al
número más amplio posible de ciudadanos. También es una institución con un
fuerte arraigo en el conjunto de la sociedad catalana, con un gran
reconocimiento a nivel mundial y que, además, en el año 1983 inicia un
compromiso con la comunidad educativa y con la sociedad en general a través de
una serie de actividades educativas. Este compromiso se ha visto consolidado
con la creación de una programación estable, El Pequeño Liceo, y con todo un
conjunto de actividades que conforman el Proyecto Educativo. Actualmente Liceo
ofrece espectáculos de ópera y danza adaptados a diferentes edades.
A continuación giramos a la
izquierda donde nos topamos con la Plaza Real. Allí observamos unas farolas
bien curiosas en forma de árbol diseñados por Gaudí entre los siglos
XVII-XVIII. En el centro había colocada una fuente con tres figuras que representan tres hermanas
de la mitología grecorromana. Se dice la Fuente de las Tres Gracias.
Las
Tres Gracias eran tres diosas inferiores, hijas de Zeus y la ninfa Eurinome,
hija del titán Océano. Sus nombres eran Áglae o Aglaya, Eufrosine y Talia. Eran
las diosas de la belleza, el hechizo y la alegría. A cada una de ellas le
correspondía una calidad como la belleza, la jovialidad, el esplendor o el buen
gusto pero cada fuente hace esta distribución a gusto por lo que no se puede
establecer una clasificación clara. Las Gracias presidían los banquetes, las
danzas y todas las actividades y celebraciones agradables, en definitiva, todo
aquello que en el mundo pudiera haber de agradable, placentero, interesante,
atractivo... Las Gracias otorgaban a dioses y mortales la alegría pero no sólo
eso sino también la elocuencia, la liberalidad y la sabiduría.
Después de reposar un poco sentadas al bordillo de la fuente y de contemplar esas maravillosas diosas de la mitologia, nos pusimos en pie y seguimos nuestro trayecto.





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