dijous, 19 de juny del 2014

RAMBLES - II

- DEL PALACIO DE LA VIRREINA AL EDIFICIO DE LICEO

Ya empezaba a tocar el sol cuando nos dirigíamos hacia el Palacio de la Virreina. Íbamos bajando por la rambla, y entre libros y revistas, periódicos y postales pudimos observar un puñado de turistas embobados por las maravillosas flores de las coloridas floristerías que decoraban la rambla.
 

Por fin llegamos a nuestra primera parada de ese tramo, el Palacio de la Virreina, allí recordamos tiempos pasados, hicimos un poco de historia y entramos para ver en que se había convertido su sede actual. Nos adentramos por las puertas del palacio y todas nos sorprendimos al ver unos personajes gigantes que parecía que nos dieran la bienvenida. Nos detuvimos en la oficina de información, una señora muy amable nos explicó que  actualmente su sede era el área de cultura y que el palacio se utilizaba para hacer exposiciones de arte. También nos dijo que este maravilloso palacio se construyó entre los años 1772 y 1777, como residencia de Manuel de Amat, virrey del Perú. Se conoce por este nombre porque el palacio de la Virreina fue construido por encargo de Manuel Amat, virrey del Perú y el mismo virrey le regaló el palacio a su mujer. El hecho de haber-se quedado viuda, su mujer María Francesca Fivaller y Moreno, dio pie a que la gente comenzara a denominar el edificio - al igual que el de la Rambla de Barcelona -con el apodo de la Virreina.

Cuando salimos, terminado el señorío, seguimos rambla abajo. Nos adentramos en la zona más popular, donde señoras y señores hacen sus pedidos si quieren comer a gusto. Son muchas calles cubiertas, y alrededor hay edificios. Este lugar recibe el nombre de la Boqueria. Tiene 6000 metros cuadrados, 11 pasillos y 300 puestos. 







Fue genial ver tantos colores y tanta vida junta, daba gusto ver aquel gran mercado. A continuación fuimos al bar Pinocho, que es muy popular y es donde se sirvió por primera vez el conocido "biberón" (un café con leche condensada), nos picó la curiosidad y decidimos probarlo. El café no es una bebida que nos encante, pero el contraste con la leche condensada lo hacía... ¡Delicioso!
Al terminar de desayunar, seguimos por el bello medio de este tramo de la rambla y nos encontramos una obra de cerámica de Miró que reposaba justo bajo el suelo que pisaban nuestros pies. Aquella magnífica obra de arte se llamaba Plan del Oso.

Al levantar la mirada contemplamos como el arte contemporáneo quiso decir la suya en la edificación más bella. Aquel edificio que nos había dejado sin palabras actualmente es un banco, pero antes era la Casa Bruno Cuadros, que fue en su día, una tienda de paraguas muy especial para Barcelona. El estilo que la acompaña, próximo al modernismo con el colorido y la delicadeza de sus decoraciones, convierte este edificio en el protagonista de muchos álbumes fotográficos de los visitantes de Barcelona.

Por fin después de tanto andar llegamos al edificio de Liceo - personalmente uno de mi favoritos aquí en Barcelona - este edificio es un teatro de ópera que ha mantenido a lo largo de los años su función de centro cultural y artístico. Uno de los símbolos de la ciudad. Se llama el Gran Teatro del Liceo, y fue creado en 1847 en la Rambla de Barcelona. Los objetivos básicos del Gran Teatro del Liceo son la creación de obras de arte que tienen la música como lenguaje preferente y la difusión de este arte al número más amplio posible de ciudadanos. También es una institución con un fuerte arraigo en el conjunto de la sociedad catalana, con un gran reconocimiento a nivel mundial y que, además, en el año 1983 inicia un compromiso con la comunidad educativa y con la sociedad en general a través de una serie de actividades educativas. Este compromiso se ha visto consolidado con la creación de una programación estable, El Pequeño Liceo, y con todo un conjunto de actividades que conforman el Proyecto Educativo. Actualmente Liceo ofrece espectáculos de ópera y danza adaptados a diferentes edades.

A continuación giramos a la izquierda donde nos topamos con la Plaza Real. Allí observamos unas farolas bien curiosas en forma de árbol diseñados por Gaudí entre los siglos XVII-XVIII. En el centro había colocada una fuente con tres figuras que representan tres hermanas de la mitología grecorromana.  Se dice la Fuente de las Tres Gracias.







Las Tres Gracias eran tres diosas inferiores, hijas de Zeus y la ninfa Eurinome, hija del titán Océano. Sus nombres eran Áglae o Aglaya, Eufrosine y Talia. Eran las diosas de la belleza, el hechizo y la alegría. A cada una de ellas le correspondía una calidad como la belleza, la jovialidad, el esplendor o el buen gusto pero cada fuente hace esta distribución a gusto por lo que no se puede establecer una clasificación clara. Las Gracias presidían los banquetes, las danzas y todas las actividades y celebraciones agradables, en definitiva, todo aquello que en el mundo pudiera haber de agradable, placentero, interesante, atractivo... Las Gracias otorgaban a dioses y mortales la alegría pero no sólo eso sino también la elocuencia, la liberalidad y la sabiduría.

Después de reposar un poco sentadas al bordillo de la fuente y de contemplar esas maravillosas diosas de la mitologia, nos pusimos en pie y seguimos nuestro trayecto.

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